Sismo: Saber salva

Redacción: Luis Wertman Zaslav
Un sismo no avisa cuándo llegará, pero sí podemos decidir cómo nos encontrará: confundidos e improvisando o preparados para actuar. La diferencia no está en eliminar el miedo, sino en impedir que decida por nosotros.
Durante años se difundió el llamado “triángulo de la vida”: colocarse junto a un mueble resistente para que, al caer el techo, se forme un espacio de supervivencia. Sin embargo, no es una fórmula comprobada ni un protocolo universal. Nadie puede predecir cómo colapsará una estructura, qué objeto se desplazará o si ese hueco llegará a formarse. Buscarlo durante el movimiento puede exponernos a cristales, muebles, plafones y caídas.
La primera enseñanza es sencilla: durante una emergencia no persigas una figura geométrica; sigue un plan adaptado al inmueble. La zona de menor riesgo no se improvisa mientras tiembla: se identifica antes con la administración o un especialista en Protección Civil.
ANTES.Recorre tu casa, oficina o negocio. Ubica muros de carga, columnas, salidas, rutas de evacuación y punto de reunión. Aléjate de ventanas, espejos, libreros y objetos que puedan caer. Fija muebles altos y coloca lo más pesado abajo. Aprende a cerrar gas, agua y electricidad, pero hazlo después del movimiento y sólo si es seguro.
Prepara una mochila accesible, no una mudanza: agua, alimentos, lámpara, radio, pilas, silbato, botiquín, cubrebocas, copias de documentos, teléfonos escritos, batería portátil y medicamentos indispensables. Incluye lo necesario para niñas, niños, mayores, personas con discapacidad y animales de compañía. Acuerden quién ayuda a quién, dónde se reunirán y qué contacto externo recibirá noticias. Practiquen dos escenarios: con alerta sísmica y sin ella.
DURANTE.Si suena la alerta, aplica el protocolo del edificio. En la Ciudad de México, la guía oficial señala que quienes están en planta baja o niveles inferiores pueden evacuar por la ruta establecida si hay tiempo y condiciones seguras; desde un segundo piso, deben replegarse en una zona de menor riesgo y evacuar al terminar el movimiento.
Si el sismo ya comenzó, no corras, no empujes, no grites y no utilices escaleras ni elevadores. Muévete solamente lo indispensable. Agáchate para evitar ser derribado; cubre cabeza y cuello; si tienes una mesa firme al alcance, resguárdate debajo y sujétala. Si no existe, protege cabeza y cuello
con los brazos junto a una zona interior previamente identificada, lejos de ventanas y objetos que puedan caer. El marco de una puerta tampoco es automáticamente seguro.
Si estás en cama, permanece allí y protege tu cabeza con una almohada, salvo peligro inmediato. Si utilizas silla de ruedas o andadera, activa los frenos, inclínate y cubre cabeza y cuello. En la calle, aléjate de fachadas, postes, cables y anuncios. Si conduces, detente en un lugar despejado, lejos de puentes y líneas eléctricas, y permanece dentro del vehículo.

DESPUÉS.Espera a que termine el movimiento. Evacúa con calma si hay daños, una indicación oficial o así lo establece el protocolo. Considera las réplicas. No enciendas cerillos ni interruptores si sospechas una fuga. Ayuda sin convertirte en otra víctima. Usa mensajes de texto y reserva las llamadas para emergencias. Infórmate en fuentes oficiales y no difundas rumores, fotografías antiguas ni audios sin verificar.
Si quedas atrapado, cubre nariz y boca, evita levantar polvo, conserva energía y utiliza un silbato o golpes espaciados para señalar tu ubicación. Grita únicamente cuando escuches rescatistas cerca. No enciendas fuego y no intentes mover escombros pesados que puedan comprometer el espacio donde estás.
La prevención no es una colección de objetos; es una conducta. Un simulacro sirve cuando descubre fallas, asigna responsabilidades y produce mejoras medibles: cuánto tardamos, qué ruta se bloqueó, quién necesitó apoyo y qué debemos corregir. Lo que no se practica difícilmente funcionará bajo presión.
La confianza tampoco significa creer que nada malo sucederá. Significa conocer el riesgo, prepararnos juntos y responder con orden. Autoridades, administradores, empresas, escuelas, familias y ciudadanos tenemos responsabilidades distintas, pero un mismo propósito: proteger la vida.
Pasemos del temor a la preparación, de la ocurrencia al protocolo y de la información a la acción. Ante un sismo, la mejor decisión no es la que recordamos en medio del pánico, sino la que practicamos antes. Prevenir es cuidarnos. Y cuidarnos bien también es
HACER EL BIEN! HACIÉNDOLO BIEN!








